Conforme pasa el tiempo, para algunas personas sucede una especie de iluminación al comprender cosas que hasta el momento se iban viviendo de forma automática. Algunas buenas, otras malas. Costumbres. No sé a dónde iba con esto, pero es más sencillo comenzar un post sirviendo un texto que refleje algo existencial a algo trivial, pues ahí encaja.

Nuestra condición se persigna constantemente ante usos y costumbres heredadas de nuestra familia, la sociedad y la humanidad. Comprendemos lo bueno y lo malo. Lo que se debe y lo que no. Servimos de ejemplo a alguien, aunque no lo quieras. Vivimos inmersos en culturas que nos anteceden en siglos y que, por más libres que nos creamos, somos simples actores de reparto de una torta que se la reparten los que saben el secreto.

El gran interrogante: ¿cómo hacen los que lo hacen?

No sé quiénes despiertan o qué es lo que pasa realmente para que alguien despierte. Tal vez era búsqueda. Tal vez un trauma. Tal vez una revelación.
Da igual. Algo se activa y comienza a despertar a otra zona dormida, que despierta a otra sensación que no se sentía y así, si uno no para, termina despierto del todo. Cuerpo y mente.

Lo dijo alguna vez Jim Carrey y lo recuerdo no literalmente, algo así: “Un día tuve la sensación de iluminación más poderosa de toda mi vida. Sentía como todo mi ser existía y comprendía todo a su alrededor. A partir de ese día intenté constantemente llegar a ese estado y nunca más lo logré”.

No sé a dónde te lleva eso. Deben ser muchos caminos: tipo vivir mejor, estar en paz, lograr armonía, ser coherente. Pero ahí comienza el camino en donde hay que aprender a vivir con todo eso adentro.