Homo Commodus Inconexum
Desde temprana edad, mis primeros trabajos en el mundo real fueron en ventas. No creo haber sido un buen vendedor aunque si lograba mis objetivos a base de empatia y buena onda. Vendí diarios locales a los vecinos, era un diario en formato fisico que salia una vez por mes, los dueños del diario optabam por contratar niños-jovenes, que con el consentimiento de sus padres, vendian diarios a vecinos y conocidos por un precio muy economico, de tal forma que el flujo de venta era bastante estable. Habia todo un circuito de padres, abuelos y tios que debian comprar diarios para prender el fuego del domingo o simplemente ponerse al dia con las cuestiones del pueblo.
Tambien a muy corta edad vendí huevos de corodniz, productos de limpieza, promovia viaje de egresados, repartia tarjetas para un boliche, lo que permitia la entrada sin costo todos los fines de semana y contar con una consumisióm -chapeau-. Siendo mucho mas grande vendí seguros, telefonos, indumentaria, etc.
Puedo decir que he estado en atención al cliente desde que tengo uso de mis facultades sociales pero eso cambió desde que a los 30 años empece a cobrar peaje en una cabina del conurbano. Yo venia de trabajar con telefonia vendiendo tanto a consumidor final como a clientes corporativos. Los reclamos se resolvian en cuestion de horas muchas veces, cultivaba la paciencia todos los dias, me entrenaba mentalmente para no caer en la locura y filtraba la información que me daba el cliente ignorando lo agresivo.
El peaje cambia el juego. Los reclamos se resumian a 10 segundos y contaba con la posibilidad de cerrar la ventanilla o llamar a la policia en caso de que la situacion se ponga dificil. Me sentia seguro, con herramientas que evadian el conflicto al tratar con gente y de esa forma se fue perdiendo lo que hasta ese momento fue el mayor valor agregado de mi personalidad. La conexión.
Anteriormente dije que este trabajo me hizo dar cuenta que existe mas gente buena que mala. Bueno, si. Tambien voy a agregar que la gente “no buena” tiene un alto nivel de agresión a flor de piel ante el primer indicio de problemas.
Depues de un tiempo sin vender y sin emprender decidí armar un proyecto de venta ambulante con el objetivo de charlar, conectar y mejorar mi relacion con la gente y las primeras pruebas fueron horribles. Bajaba la mirada, me apuraba en las respuestas, no entendia de sarcasmos o chistes mas complejos que me daban pie para seguir conversando. Fue un desastre.
A partir de ahi comencé a trabajar con eso. Me di cuenta que muchas cuestiones empaticas se fueron apagando pero es posible volver a encender. ¿Cómo? trabajando dia a dia sobre eso. Cultivando la paciencia, la escucha activa, comprendiendo que todos tenemos dias buenos y malos. Y lo mas importante. Al bajar la guardia, baja el cortisol y la vida se pone mas linda.
Veremos.