La empatía es como la simpatía pero con empanadas
Me duelen las piernas. ¡Ay madre me duelen las piernas! Ese es un pensamiento recurrente que vengo teniendo desde que comencé hace un par de días un entrenamiento personalizado e intenso por nada mas que seis meses. El dolor de piernas viene desde ayer por la tarde, 24 horas después de haber entrenado y ahora mismo estoy justo en la cresta de la ola dolorística.
Una de las cosas que más rescato de mi entrenador es que siempre sonríe y te da un mate mientras te ve fallecer lentamente. Y como por arte de magia se me viene una frase que escribí en algún momento en el viejo twitter que decía:
La empatía es como la simpatía pero con empanadas
Un mate en el momento justo levanta la moral, el amor propio y acaricia el alma. Este fenómeno rioplatense que se expandió por el mundo, incluso desde su lado mas intimo argentinizando momentos y generando vínculos sin banderas ni limites geográficos, es una clara muestra de como se acompaña mejor con algo para compartir.
Las empanadas tienen algo de eso también. Alguien que hizo el relleno, lo dejo enfriar, preparó, cocinó y gasto horas de su vida a cambio de ver una pizca de felicidad en el rostro ajeno por 15 minutos.
Un gesto empático acerca, que se genera a través de la simpatía, que habla desde lo que uno ve e interfiere en el momento justo para decirle al otro acá estoy.
La simpatía no es mala, es limitada y casi nunca se compromete con nada. Por eso, ante cualquier emergencia emocional siempre es bueno tener tapas para empanadas, carne picada, cebollas, morrón, pimentón, comino, sal y pimienta.