Dale, tranqui
Son las 7:20 am de un sábado lindo de Febrero y le acabo de mandar un mensaje a mi entrenador personal diciéndole que cancelemos el entrenamiento de hoy porque necesito descansar. No me mueve ni un poquito la aguja de la culpa. Te juro. El tema es que es sábado y yo entreno de lunes a viernes, esta semana fue corta, si. como la de tu ex, y tuvimos solo 3 entrenamientos bastante intensos.
Ayer luego del entrenamiento le dije que nos veíamos mañana pero hace unas horas que quiero ir a hacer un poco de plaza con mi chica. Y cuando digo plaza digo la Plaza del Vagón de Castelar.
Pocos lugares me han regalado tantos momentos de observación como esa plaza. Una plaza que, como su nombre indica, está cerca de una estación de trenes, unas vías y donde efectivamente hay un vagón, que hace un poco de lugar de reunión cultural de artistas locales.
La Plaza Cúmelen no es la típica plaza de barrio, tiene mas bien una forma de flecha, quizás un símbolo masónico y coso. Está rodeada de arboles altos a los cuales nunca les presté atención hasta este momento que los estoy nombrando, alberga todos los fines de semana una gran cantidad de personas que, en busca de sentirse en sociedad, se juntan a compartir un lindo momento, jugar con los niños, tomar unos mates o solo juntarse a despejar la cabeza.
Lo que más rescato es la cantidad de estilos de personas que se juntan en ese lugar. De todo tipo y edad. Hay un jugador de tenis que va con sus raquetas e invita a jugar a quien tenga ganas, veo pasar muchas historias desde la reposera mientras tomo unos mates en buena compañía, comiendo algo que ofrecen las chicas que pasan con cosas ricas, que hoy no podría comer.
Me voy a dormir. Quizás hoy hay suerte y pintan cosas para contar