Me siento un rato afuera, en uno de los tantos bancos que hay, en uno de los tantos lugares que emulan una placita en el predio del lugar donde trabajo. La noche se presta para todo, menos para estar trabajando. Las cosas están tan desacomodadas que mi sistema operativo se siente acelerado, como si un par de volts recorrieran mi espalda y cuello, lo que altera a las extremidades. Todo eso después de una hora intensa entre preguntas, respuestas, puteadas y sonrisas de impotencia.

Es viernes y estoy en horario laboral. Hace una hora que entré y me tocó la media hora de descanso. Me vengo afuera con el mate esperando encontrar tranquilidad pero de un lado tengo la autopista llena de vehículos de todo tipo y color; por el otro lado justo enfrente hay un salón de fiestas enorme que todos los fines de semana convocan a una muchedumbre de personas dispuestas a festejar cuánta fiesta se organice. No encuentro paz pero igual me quedo. Dentro de 2 horas me voy a tomar la hora completa y me voy a ir a dormir al auto.

Son las 23:00 de un viernes por la noche que, parece, no va a terminar nunca. Mi nuevo trabajo es el de operador de un sistema de cobro por patente. Una mezcla de atención al cliente, soporte técnico, reclamos y cajero. Se trabaja dentro de una autopista y debo atender a cada una de las personas que no tienen o tienen algún problema para pagar. El resto de la interacción empleado/cliente es narrativa básica: Presentación - Conflicto - Resolución - Final.

El sistema es nuevo, está muy verde, falla por todos lados. La mezcla entre atención al cliente y mal servicio hace mal, como tomar Fernet y cerveza la misma noche. No es compatible. La gente no está cada vez más alterada, la gente siempre fue así y no parece cambiar. De vez en cuando aparece alguno que enciende una luz de esperanza en la humanidad y te hace sentir en un mundo mejor.

Si alguna vez el destino me escuchó decir “me encantaría trabajar delante de una pc toda la noche” no era así. Perdón. Mala mía. Quizás me imaginaba testeando juegos, leyendo, criticando, programando, disfrutando…

He aquí, la importancia de dar el mensaje de forma correcta.