Hoy escuché que el tiempo vuela cuando estamos nerviosos y que se desdobla cuando estamos en un estado de paz interior. Recuerdo de chico cuando me decían “El miércoles vamos a pasear”, faltaba una semana y era la semana mas larga de mi vida. Yo creía que manejaba un nivel altísimo de ansiedad y estrés, pero parece que no. Tal parece que mi infancia la viví con bastante paz interior, más de lo que yo pensaba, y me doy cuenta de esto gracias a esa teoría.

Particularmente en mi vida actual, siento que el tiempo va mas rápido y no puedo dejar de pensar en la biblia, cuando dice que los últimos días de los últimos tiempos pasarán más rápido, serán más veloces… palabras más o menos. Me llama la atención que de chicos, reina la sorpresa y el aprendizaje en nuestro día a día. No es casual que sean de las formas mas efectivas de mantenerse en el presente. No sé si de grandes o en los tiempos que corren, la excesiva cantidad de llamadores de atención hacen que nuestro nivel de compromiso con el presente sea bastante flojo.

Es como si la vida nos estuviese pidiendo que volvamos a ser como cuando eramos chicos. Tomarse la atención con seriedad y compromiso. Reír mas seguido y abrir los ojos mas grandes todos los días aunque sea un rato. Lograr ese estado de conciencia en donde lo único que existe es eso que estamos haciendo. En mi barrio le decimos “hacer las cosas con amor”, así de cursi y real.

Ahora lo importante, eso se logra no opinando sin el panorama completo y viviendo en la incertidumbre. Comprendiendo que no se nada y que es mejor vivir sin dar lastima y sin victimizarme. Y como nada es permanente, cuidarlo mientras dura y trabajar para lograr conectar con el presente aunque sea un poco todos los días.

Son las 7 y 25 de la mañana y reina la paz en la mesa del comedor, yo con la notebook, el sonido ambiente y la temperatura matinal justa de los primeros días de Marzo. No hay desayuno ni hambre, solo un poco de psicoactividad normativa para acomodar en su lugar el momento que me toca.