Promocionado
Es imposible negarse a la posibilidad de comer un asado un martes por la noche y luego quedarse haciendo sobremesa hasta las 2 de la madrugada. Hay en el gen argentino un cargo social muy importante, estrictamente vinculado a una rama de la gastronomía. Ser el asador suena liviano pero es, para la sociedad absoluta, casi un titulo nobiliario no hereditario, que lleva consigo la difícil y ardua tarea de cocinar carne a las brasas para una cierta cantidad de personas. Una de esas actividades en donde uno, no es, hasta que se encuentra haciéndolo.
Asar la carne a las brasas es a la gastronomía lo que es el teatro a las artes, o el freestyle para la música. No digo jazz e improvisación, digo rap y freestyle porque hay una base solida puesta ahí para que uno tire la magia. Este tipo de arte consiste en prender el fuego, generar brasas de a poco, cocinar la carne de tal manera que todos los cortes, no importa su grosor, salgan al mismo tiempo, perfectamente cocinados y con sabor. Y servir al otro.
El elemento divino de esta historia, con el cual se logra cocinar la carne se llama Parrilla. Una mesa de 4 patas de 40cm de alto con un enrejado que permite sostener la carne a la vez que darle calor por debajo. Toda persona de bien tiene una parrilla en su casa… y lo digo yo, que durante años viví sin ella en el mundo de las malas personas, hasta que mi madre, en una tarde soleada y ante un arrebato de generosidad, me obsequia lo que hasta ese entonces era para ella el legado familiar absoluto. Esa parrilla viene viajando con la familia desde las primeras mudanzas al sur de Buenos Aires, por mediados de 1992 y aquí está. En casa.
Nunca me consideré un gran asador, sí uno bastante básico que cumple con el rol, pero siempre me interesé en aprender mirando y acompañando a los que saben y hacen el asado para la gente (el que acompaña). Pasaron 2 años hasta que esa parrilla sintiera el fuego de la pasión un domingo en un camping lleno de gatas peludas. Luego de eso tuve una seguidilla de asados sin precedentes, hasta el día de hoy, en el cual se cumple el quinto asado del mes. 5 asados en 30 días.
Hoy martes fui el asador para 3 familias. 9 personas. El elemento divino te convierte en la persona mas influyente de la noche. La que recibe el aplauso. La que brinda su tiempo al servicio de los demás. Entonces, en una noche en donde la magia se dió desde el minuto 1, sacando de la galera todos los trucos y tips aprendidos en horas de asados, entendí que ser un gran asador te llega cuando debe ser. Para mi fue hoy.