La era Psicotérmica
Hoy cambié la térmica de casa. En realidad es la que se coloca apenas entra la corriente eléctrica a casa. Se quemó después de 12 años, casi, ininterrumpidos Y ese casi es muy poco. Afortunadamente los cortes de luz no son habituales y de haber algún corte programado los chicos de Edenor te avisan bastante antes desde la aplicación. Activen las notificaciones.
El corte mas largo se dió un 18 de diciembre del 2023. Ese año el calor fue insostenible desde el minuto uno. Veníamos de una racha de temperatura elevada desde finales de noviembre, lo recuerdo porque le festejamos el cumple a hija y ese día hizo 38C de temperatura. Unos chicos del gimnasio invitaron a ir a un bar unos días antes de ese 18 de diciembre, de una supuse que era una invitación personal, por el carácter y por lo de “los pibes”.
En casa se quedaron hija y pareja en una noche de chicas, bue… viven de noche de chicas porque trabajo de noche. En realidad hicieron lo que hacían todos los días y seguramente no hubo noche de chicas. El calor y la humedad se asemeja a la de estos días en donde por el solo hecho de quedarte parado se activan las glándulas transpiratorias y corremos peligro de deshidratación. El riesgo es mas alto y los tiempos se acortan si comes un alfajor de maicena.
Paso por los chicos que me esperaron cerca de casa en otros autos y se me subió uno que no encontró lugar. El Gusti, el tipo mas manija que conocí en mi vida. Eramos el pan y la mantequilla, por lo diferentes. Yo paz y serenidad, él, activación cognitiva y Rock & Roll. Charlamos, fumamos, nos conocimos y llegamos al bar. Ahí conocí a unos pibes buena gente a los que llamé, los pibes del gym. Después de esa demostración de creatividad y fluidez espacial llevada al razonamiento para generar ese nombre magnífico, nos fuimos a otra ciudad a 25km de donde estábamos. ¿Me seguís?
Allí la noche se desmadró, a mitad de camino se desató una tormenta digna de Hollywood. Mi VW Up! parecía el teniente Dan en la punta del mástil de la embarcación Jenny. Fuimos hasta cierto punto y nos volvimos en el medio del caos; arboles tirados en el medio de la autopista, chapas de galpones, carteles… agua y calles inundadas. Lo dejo a Gusti en lo de la tía. Vuelvo a casa dando miles de vueltas y la sudestada había tirado 4 arboles en mi cuadra, porque vivo mirando al sudeste y tengo una fila enorme de eucaliptos. No pasó nada. Las chicas y la perra se metieron al baño y ahí quedaron hasta que todo se calmó. Fue un susto grande sin sobresaltos de importancia.
Desde esa noche y por 7 días vivimos sin electricidad, sin agua y con todos los contratiempos que genera la escases de recursos. Comprar packs o bidones, alquilar generadores por hora, gastar mal, visitar amistades para cargar -si leíste cagar, si también- teléfonos, pedir agua, bañarse en casa de algún familiar. Cosas que a veces pasan cuando uno vive en el conurbano.
Nosotros sufriendo y la térmica de vacaciones. Como tomándose un respiro de la altísima demanda energética de esos días, disfrutando y entendiendo la frescura interna como un momento especialmente para uno.
Hoy le digo gracias y hasta siempre campeona.